El Hogar en tiempos de COVID-19

Hoy, 17 de mayo de 2020, séptimo día de la fase 1.

Durante el periodo de confinamiento han sido numerosas las noticias que hablan del aumento de la violencia que sufren niñas y niños, por su condición de hijos e hijas de mujeres víctimas de violencia de género o por su condición de niñas o niños. Algunos ejemplos son:

1. Desde la Unidad de Igualdad de la Universidad de Málaga (UAM) advierten del aumento del riesgo de sufrir agresiones en el caso de las mujeres víctimas de violencia de género a causa de las medidas de confinamiento relacionadas con la pandemia. Entre otros factores señalan el mayor tiempo de convivencia de la víctima con su agresor, más control de este sobre la víctima, una menor visibilidad de los malos tratos y más dificultades para acudir a centros de asistencia.

2. La Fundación ANAR alerta sobre el aumento de la violencia contra niños y niñas durante el confinamiento. Según sus datos, el maltrato físico o psicológico a menores ha aumentado un 10%. ¿Conoces un caso, eres testigo, y no sabes qué hacer? Puedes hablar con nosotros a través del Chat ANAR o a través del Teléfono ANAR: es confidencial y anónimo. Son muchos los niños/as y adolescentes que están viviendo una pesadilla diaria. No mires hacia un lado

Si nos centramos en el primer tipo, hijos e hijas de mujeres víctimas de violencia de género, es posible que su madre, tras un trabajo previo de toma de decisiones, solicite su ingreso en una casa de acogida para mujeres víctimas de violencia de género, buscando terminar con la situación de maltrato que viven ellas y sus hijas e hijos y en el que poder iniciar un proceso de recuperación que les permita su paso hacia una vida independiente. Ellas han tomado la decisión y son conscientes de los cambios que conllevará esta, pero sus hijas e hijos, en la mayoría de los casos, llegan a la casa desinformados, no conocían la decisión con anterioridad, generalmente por motivos de seguridad y para garantizar que el maltratador no impida el ingreso en el recurso. Para explicarles a la niña/niño lo que supone el ingresar en un centro de acogida para víctimas de violencia de género y abordar todas sus dudas, Itziar Fernández Cortés ha escrito el cuento “La Casa del Mar en Calma”, un soporte lúdico, ameno y cercano que favorece la comunicación con las niñas y los niños. En él también se recoge todo el proceso emocional por el que irán pasando las niñas y los niños y sus madres favoreciendo su identificación, empoderando la decisión tomada por la madre y rescatando sus fortalezas a la hora de enfrentar el maltrato.

La Fundación Hogar de San José, consciente de la importancia de disponer de herramientas para abordar esta situación, ha colaborado en la re-edición de este cuento que debe llegar a todas/os las/os profesionales que trabajan con la infancia para que, desde los diferentes ámbitos en los que desarrollan su labor, puedan acompañar a estas/os niñas/os, y a la población en general para que se acerque a una realidad que muchas veces se invisibiliza.

¿Pero qué ocurre cuando la madre no es capaz de tomar la decisión de abandonar al maltratador, y, por tanto, proteger a su hija/o? Pues que es la entidad protectora quien debe actuar y poner al menor a seguro: en un centro de acogimiento residencial. Esta situación, que se toma valorando el interés superior del menor, busca que la madre pueda, de manera independiente, iniciar su proceso de recuperación, en un contexto terapéutico que permita en el futuro la reagrupación familiar. La madre necesita un trabajo que le permita tomar conciencia del problema, de cómo la violencia afecta a sus hijas/os, encontrando la motivación para el cambio en la necesidad de recuperarlos, en el deseo de ofrecerle a su hija/o una madre “suficientemente adecuada”. Solo podrán iniciar el proceso si, como sociedad, somos capaces de apoyarlas y ofrecerles recursos para hacerlo. En el Hogar viven niñas y niños que han ingresado por este motivo y nuestro trabajo con ellos consiste, en primer lugar, en ofrecerles un espacio seguro, tanto física como emocionalmente, un nuevo modelo relacional bientratante, y un trabajo terapéutico que permita la reparación del daño. La violencia de género afecta a la visión que las niñas y los niños tienen de las relaciones sociales, del mundo y de sí mismos en el presente, moldea sus expectativas acerca de futuras relaciones. Las niñas y los niños víctimas de violencia de género aceptan la violencia como forma de resolver conflictos, establecen, como unidad indivisible, la unión entre amor y violencia, y perpetúan la desigualdad de género; podemos afirmar que “socializan la violencia”. A la vez con las madres hay que trabajar para que mejoren sus habilidades materno filiales, reconozcan pautas educativas adecuadas, integren su historia de trauma, sobre su culpabilidad y para que mejoren su auto concepto en el desarrollo de sus capacidades maternales. Se empieza también a trabajar la reparación del vínculo afectivo dañado y se “recolocan” los roles que cada uno de ellas/os debe asumir. Es frecuente que nos encontremos con niñas/os parentificados, niños que son confidentes de sus madres, cuidadores de quien debería cuidarlas/os. Niñas/os que escuchan, calman, consuelan, protegen a quien debería hacer eso con ellas/os. Y es entonces cuando el trabajo que hace la madre retroalimenta el trabajo que hace la/el hija/o y viceversa, el sistema se empieza a mover y el movimiento del hijo/a obliga a la madre a moverse y viceversa, los avances de la/el hija/o empuja a la madre en su propio avance y viceversa, la seguridad de la madre da seguridad a la del hijo/a y viceversa… y entonces tienes el privilegio de acompañarlas/os en el reencuentro como madre e hija/o, de reconocerlas/os como valientes y valiosas/os, de compartir sus pasos hacia un futuro mejor, hacia una vida que tiene mucho que ofrecerles porque les debe mucho. Pero además, y sobretodo, han sido capaces de romper la transmisión transgeneracional de la violencia de género.

P.D:. Mi aplauso de las 20:00 hoy, y quizás por muchos días, será para ellas y sus hijas/os, porque también “salvan” a la sociedad.

Cuidaos y cuidar mucho.