El Hogar en tiempos de COVID-19

Hoy 13 de junio de 2020, fase 3 de la desescalada.

Este será el último post que escribo para el “El Hogar en tiempos de Covid, Diario de un confinamiento” y quiero hacerlo con un resumen de lo vivido en este periodo, extraordinario e inesperado.

Hay cuatro grupos de personas a los que quiero hacer referencia en este post:

Los héroes. Las niñas, los niños y los adolescentes (NNyA) de los diferentes programas de la Fundación Hogar de San José, desde que el 13 de marzo de 2020 se inició el estado de alarma y hasta la actualidad, han trabajado para adaptarse a las diferentes fases y superarlas. Cada uno de ellos lo vivió y afrontó de manera diferente, cada uno lo hacía con sus propios recursos personales y los que fue adquiriendo durante este tiempo, cada uno transitó por esta etapa de la mejor manera que sabía e intentó salir con el menor daño posible. Han librado su propia batalla personal en la que han resonado, con fuerza, sus historias de vida llenas de experiencias traumáticas, de abandonos, de confinamientos individuales pasados… lo que ha sido un plus con el que lidiar. Han perdido el “mundo” que les daba soporte hasta ese momento y han ido dando forma a uno nuevo en el que poder sobrevivir, compensando carencias y descubriendo fortalezas. Para mí los verdaderos héroes de este periodo.

El equipo. Todos los profesionales de la Fundación que han estado al lado de las y los NNyA de la Fundación, trabajando para ser su apoyo, acompañándolos en este transitar, leyendo sus necesidades, interpretando sus silencios, decodificando sus conductas, “estando” en su sufrimiento, asistiéndolo y sosteniéndolo, testigos de cómo sus cicatrices se volvían a abrir y conscientes de que la nuevas heridas cicatrizarán y se incorporarán a ese “mapa” personal que, de alguna manera, orientará su futuro, heridas que curaban y no permitían que se infectarán, siempre incondicionales de ellos como personas, contenedores de sus desregulaciones y presentes siempre. Y sin olvidar que los profesionales también tenemos nuestras historias, nuestras cicatrices, nuestros miedos… contra los que también luchamos, desde el autoconocimiento, el trabajo personal reparador y el autocuidado, para poder afrontar estas situaciones en las mejores condiciones, en las que nos permitan acompañar, reparar y estar disponibles para ellos.

Los comprometidos. Los muchos profesionales que desde el inicio del confinamiento, que trabajan con la infancia y sus familias en el sistema de protección o desde la prevención y la divulgación, que empezaron a elaborar materiales, que compartían gratuitamente, dirigidos a explicar a las y los NNyA que era el COVID 19, a ofrecer a sus padres y madres o cuidadores herramientas para afrontar esta situación y apoyarlos, dándoles el sostén que ellos necesitaban. Se crearon redes de profesionales que ofrecían de manera gratuita apoyo psicológico desde diferentes modelos terapéuticos, habían diseñado intervenciones dirigidas a paliar los efectos del COVID19. Se impartieron formaciones a las y los profesionales, en diferentes formatos, para que pudieran adaptar sus intervenciones a esta situación de crisis, a los problemas que de ella se derivaban para la salud mental de la población en general y especialmente para la de las y los NNyA. También las redes sociales se llenaron de recursos y actividades, que sus creadores compartían generosamente, para que las y los NNyA pasaran un confinamiento más divertido, realizaran actividad física en casa…

Los ¿responsables?. Por último mencionar a los responsables encargados de tomar las decisiones para abordar esta crisis sanitaria y cómo muchas de sus decisiones vulneraban los derechos de las y los NNyA, no tenían en cuenta las necesidades de la infancia. Ellos dirigen y tienen responsabilidades en una sociedad adultocentrista, una sociedad en la que la infancia no es un valor a proteger, no es una inversión en futuro, no es un cristal a través del cual mirar y organizar el mundo. Eso ha provocado mucho sufrimiento en la infancia, que han sido desprotegidos por quienes los debían proteger. Enfrente tuvieron a muchos profesionales que prestaron su voz a la infancia, que hicieron campañas, que recogieron firmas y se posicionaron claramente del otro lado, del de la infancia, que con su trabajo intentaron luchar por los derechos de la infancia. Como ejemplo de esto basta decir que hoy, 13 de junio, se abren las zonas de juegos infantiles de los parques, una semana antes de que finalice el estado de alarma y entremos en la nueva normalidad. Yo solo le pido a esta nueva normalidad, que sea nueva también para las y los NNyA. Leía esta semana, no recuerdo dónde, que si por acudir a una zona de juegos infantil cada niño o niña pagará 1€, estarían abiertos desde que se autorizaron los paseos.

La Ramos

«En mi grado había una niña, la Ramos, a la que le decían piojosa. Nadie quería juntarse con ella. Era pésima como alumna. Llevaba el uniforme descosido y nunca tenía merienda. Andaba sola, y las maestras no la querían. Ramos, le decían en voz fuerte, con rabia, cuando ella mordisqueaba el lápiz y se quedaba, la mirada fija en el pizarrón sin escribir. Ramos, al frente. Y ella pasaba y se quedaba enrollando su corbata entre los dedos. La maestra sabía que ella no había estudiado. Lo sabía, pero igual la enfrentaba al desconsuelo de hacer público su dolor.

Yo le miraba las manos, pequeñas, oscuras, flaquitas, de uñas sucias. Yo la miraba y desde los diez años, aprendí a odiar a todos los maestros que se ensañaban con las Ramos. Que a propósito y diciendo que era una oportunidad de levantar las notas, sometían a la angustia, a la que sólo la conocen los niños, a aquella niña que tal vez sólo hubiera necesitado una seño que le suene los mocos y le pase la mano por el pelo, y le prenda los botones del uniforme.

¡Quién sabe!, quien sabe si al abrochar esos botones le abotonaban también algún ojal del alma por donde se le deshilachaba la infancia.»

Autora: Marcela Alluz, «La Ramos»

Por una sociedad llena de adultos que se dedique a abotonar a los niños esos ojales del alma por donde se deshilacha su infancia.

P.D.: La maestra es el personaje que eligió la autora para este relato, pero todas y todos podemos ser “esa maestra” desde nuestro ámbito profesional o personal.

Cuidaros y cuidar mucho

Fdo.: Un@ confinad@

La Ramos, protagonista de uno de los relatos del libro “Brasas. Relatos de vidas desabrigadas” de la escritora argentina Marcela Alluz.