Estaremos ahí a la vuelta

(Carta de una persona voluntaria en el Hogar de San José)

El Covid-19 llegó rápido y fue imprevisto, llevándose, por desgracia, a muchas personas a lo largo de todo el mundo. También muchos negocios han cerrado sus puertas y millones de familias han quedado marcadas de por vida. En realidad, todos podemos decir que esta pandemia, en mayor o menor medida, nos ha dejado una huella imposible de borrar.

Corría la semana del 9 de marzo de 2020 cuando, entre rumores de una posible situación de emergencia sanitaria, algunos seguimos desarrollando nuestro normal voluntariado: acompañar y ayudar a los NNyA del hogar, hablar con las personas de la Fundación, reír, abrazar, chocar las cinco… Nada nos hacía pensar en lo que venía. Y, a mí en particular, nada me hacía intuir que, después de decir “hasta la semana que viene», aquel miércoles 11 de marzo de 2020, no volveríamos a vernos con los niños, niñas y adolescentes (NNyA) a los que acompañábamos hasta el día de hoy (y lo que quede).

El domingo 15 de marzo comenzarían 98 días de confinamiento domiciliario, ante la imposibilidad de contener el avance del virus. Una situación que todos tenemos grabada en nuestra mente… Aplaudir a las ocho de la tarde, coches de policía dando ánimos con megáfonos… De pronto todo se paró y cambió radicalmente, ya nada era lo que fue y nunca volvería a serlo.

Recuerdo que cada semana me comunicaba con un responsable del Hogar para ver como estaban todos, dar ánimos y desear vernos pronto. No sé si, en realidad, ayudaba mucho, pero era lo que me pedía la cabeza, como a muchos otros voluntarios, acostumbrados a un día a día de contacto con la Fundación que de repente se paró en seco. Y eso que yo, en particular, llevaba muy poco tiempo. Nadie sabía qué hacer. Era una situación que no se vivía desde la llamada “gripe española” de hace un siglo.

Después se nos dejó salir poco a poco… Todos recordamos las fases de junio y julio, la llegada de aquella ¨nueva normalidad¨, en la que ya pudimos ayudar más en profundidad, de la forma en la que nos lo permitían las nuevas condiciones: organizando recogidas de alimentos, volviendo a ver a los responsables del Hogar… Siempre, claro, con todas las medidas de seguridad… Parecía que todo volvía, aprendimos a adaptar nuestra ayuda a las nuevas circunstancias y realmente demostramos que el voluntariado en la Fundación es amplio, adaptable y que solo se necesitan ganas y entusiasmo. No sobra nadie, se nos valora y se nos mantiene en contacto, cerca, hasta en situaciones –como esta– extremas.

No fue así para los NNyA del Hogar: por su seguridad y por la de todo su entorno, hasta el día de hoy –y creo que todos los voluntarios estaremos de acuerdo en que será hasta cuando sea preciso– tenemos que mantenernos lejos.

Por lo tanto, esta carta va en agradecimiento expreso a todos los miembros de la Fundación que mantienen el voluntariado vivo y a los voluntarios cerca, así como a los NNyA a los que acompañábamos, de los que estuvimos informados gracias del canal ¨El Hogar en tiempos de Covid, Diario de un confinamiento¨, deseándoles lo mejor, con la ilusión de verles pronto y de decirles que no nos hemos olvidado de estar ahí a la vuelta. Y que si no tuvimos despedida fue, sin lugar a dudas, porque pronto volveremos a vernos.

Javier Suárez Parrondo